|
Por Mariano de Vedia
De la Redacción de LA NACION
Pocas cosas dejan un sabor tan
amargo como recibir una mala nota. El impacto es mayor
cuando están por finalizar las clases y peor aún cuando lo
que está llegando a su fin es una gestión de cuatro años y
medio de gobierno y varias leyes sancionadas con la
declamada intención de mejorar la educación.
En ese contexto recibe el ministro de Educación, Daniel
Filmus, la mala noticia del rendimiento de la Argentina en
las pruebas de evaluación PISA 2006 sobre ciencia, que
constituyen hoy el test internacional más reconocido a nivel
mundial para medir el conocimiento de los alumnos de 15
años.
Y el alerta es un presagio del impacto que puede llegar el
martes, cuando se conozcan los resultados de las pruebas de
matemática y de lengua.
Cuando el anuncio de la creación de un Ministerio de Ciencia
y Tecnología procura colocar a la Argentina en el concierto
de países desarrollados que apuestan a la producción
científica, la realidad muestra que a nivel escolar nuestro
país está en niveles muy bajos, apenas por encima de
Colombia, Túnez, Azerbaiján y Qatar, y un escalón más abajo
de Rumania, Montenegro, México e Indonesia.
* * *
Una de las sorpresas más
ingratas que arrojan los resultados es la clasificación de
América latina. Muy por debajo de la media (500 puntos), la
región está encabezada por Chile (438), seguido de Uruguay
(428) y México (410). Luego aparecen la Argentina (391),
Brasil (390) y Colombia (388). El resto de los países
latinoamericanos no compitió. Evidentemente, el nivel
educativo en ciencia es inversamente proporcional al dominio
del fútbol.
Más allá de los resultados, la prueba PISA muestra
significativas diferencias de comprensión y de razonamiento
frente al saber.
Mientras los estudiantes de los países mejor ubicados pueden
comparar datos, evaluar puntos de vista y perspectivas
diferentes y comunicar los argumentos científicos con
precisión y detalle; los del fondo de la tabla reflejan una
capacidad más limitada para usar el conocimiento científico.
A juzgar por su nota promedio, la Argentina está hoy en este
último lote. Aunque es muy probable que en el interior de
las escuelas haya grandes diferencias entre quienes están
mejor y los que están aún peor. Lo que agrava el problema.
|